Despierta.
Tienes el olfato intacto para mis crisis emocionales. Al menos así parece. De nuevo, como en muchos días últimamente, acudes a mis llamados sordos.
I need to talk to you
And you don't have to respond.
...That's when I realize I am part of the problem
Not because I remind you,
but because I couldn't join you...
Sabes que no pido ayuda nunca, así como sabes que la necesito todo el tiempo. Leíste un "No llorar" escrito con mis dedos y cual bólido, dejaste unos minutos todo para saber qué ocurría.And you don't have to respond.
...That's when I realize I am part of the problem
Not because I remind you,
but because I couldn't join you...
Te conté lo que pasaba. Te dije del nivel de frustración y me escuchaste llorar un poco. Me escuchaste. Era todo lo que necesitaba. Dejaste que mis soluciones emergieran desde muy dentro sin dejar que me sintiera necesitada y vulnerable. Sabías que cuando me detuviera, iba a regresar a ser un árbol fijo y de pie. Inmutable.
Necesitaba tanto en ese momento una voz amiga, a falta de ese abrazo que me concediera la calma redentora. Y ahí estabas sin dejarme caer, como lo prometiste, pero distinto.
I'm sorry for all the things I'll never give you...
I'll never make you smile...
Thank you for every kindness...
I apologize for all the times I failed you...
Especially this one...
I'll never make you smile...
Thank you for every kindness...
I apologize for all the times I failed you...
Especially this one...




1 comentario:
a veces es preciso permitirse caer.
"...la vaca permaneció imperturbable en el jardín, dura, inviolables, todavía las pezuñas hundidas en el barro y la enorme cabeza humillada por la lluvia... De pronto, un profundo rumor sacudió sus entrañas y las pezuñas se hundieron en el barro con mayor fuerza. Luego permaneció inmóvil durante media hora, como si ya estuviera muerta, pero no pudiera caer porque se lo impedía la costumbre de estar viva, el hábito de estar en una misma posición bajo la lluvia, hasta cuando la costumbre fue más débil que el cuerpo. Entonces dobló las patas delanteras (levantadas todavía en un último esfuerzo agónico las ancas brillantes y oscuras), hundió el babeante hocico en el lodazal y se rindió por fin al peso de su propia materia en una silenciosa, gradual y digna ceremonia de total derrumbamiento."
Gabriel García Marquez
Cien años de soledad
Publicar un comentario en la entrada